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Una Única Iglesia que Salva

Como la red se arroja al mar, así la Iglesia está arrojada al mundo para que las almas se conviertan, para que vuelvan a Dios.

 


Por P. Jorge Hidalgo

 

La Iglesia está en el mundo, trabajando, intentando llevar las almas hacia Dios. La parábola sobre la red que se echa al mar y recoge toda clase de peces explica su misión. La red, dicen los Padres, es un símbolo de la Iglesia. Algunos también dicen que es un símbolo de la unidad de la Iglesia, porque hay una única red que es arrojada al mar.

 

No se habla de muchas, se habla de una sola, así que hay una única Iglesia que trabaja por la salvación de los hombres. Por supuesto que la Iglesia cubre todos los siglos; es verdad que ha sido fundada por Nuestro Señor Jesucristo en la plenitud de los tiempos, pero también es verdad que todos los justos del Antiguo Testamento que esperaban al Mesías, también se salvan en Cristo y por Cristo.

 

En ese sentido, dicen también los Padres de la Iglesia que los pescadores de hombres no sólo son Pedro, Andrés, Santiago y Juan -que eran pescadores-; son también los demás apóstoles y todos los que han trabajado por la salvación de las almas en todos los tiempos. Así que, en este sentido, la red es una mirada sobrenatural de las cosas, desde Dios a toda la historia del mundo. Para decirlo en palabras del Padre Julio Meinvielle, “la historia es la Mente Divina, leída por los Ángeles y escrita en el tiempo. Donde los hombres comunes no pueden leer, los ángeles y los santos pueden leer.”

 

Durante los siglos, la red recoge todo, cosas buenas y cosas malas, porque si bien la Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica; en este mundo tiene que trabajar con los pecadores y a todos los que estamos en el seno de la Iglesia, el Señor nos concede la posibilidad de salvarnos. Esa es la razón por la cual la Iglesia es primero y principalmente “Santa”.

 

También es pecadora, pero no cincuenta y cincuenta por ciento, como sostiene la teología liberal, por ejemplo Hans Küng. La Iglesia es primero y principalmente Santa porque santa es su cabeza, Nuestro Señor Jesucristo; santa es su alma, que es el Espíritu Santo; santos son los miembros más eminentes de la Iglesia; y el fin de la Iglesia es la santidad, así que la Iglesia es principalmente Santa.

 

Y por la misma razón la Iglesia principalmente es una realidad invisible, porque nosotros no vemos a Cristo, no vemos al Espíritu Santo, no vemos al Santísimo Sacramento (que es el bien más preciado de la Iglesia); pero sabemos que está y que es muy real, todas las personas divinas y la realidad de los sacramentos son muy reales. Por lo tanto, la Iglesia es más invisible que visible y por la misma razón la Iglesia es más santa que pecadora.

 

Como la red se arroja al mar, así la Iglesia está arrojada al mundo para que las almas se conviertan, para que vuelvan a Dios.

 

¿Hasta cuándo estará esta red en el mar? Hasta que el último de los elegidos entre en la Iglesia, desde Abel, el primer muerto, asesinado por su hermano, hasta el último de los elegidos. Ahí serán separados las ovejas de los cabritos, por las buenas elecciones por las cuales las almas se salvarán y serán llevados al reino de los cielos; o las malas elecciones de aquellos que se condenarán y serán arrojados al horno ardiente.

 

Se condena el que quiere

 

La Sagrada Escritura utiliza varios términos para hablar de la condenación, dependiendo de la pena de daño, que es la peor; o la pena de sentido. Dichos términos usados por la Escritura son: horno ardiente, la Gehena, la muerte segunda, un lugar de llanto y rechinar de dientes, el gusano que no muere y el fuego que no se apaga, las tinieblas exteriores, etc.

 

El peor castigo es la privación de la vista de Dios y después el castigo en aquellas cosas en las cuales el alma se negó a obedecer a Dios, no todos reciben el mismo castigo. Dice la Escritura “el gusano no muere”, y “el fuego no se apaga”, que son una metáfora a la conciencia continua que remorderá al condenado, que le dirá: estás aquí por culpa tuya.

 

“Culpa tuya”, porque nadie se condena sin culpa. El Señor quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, de tal forma que aquel que se condena, está allí por culpa propia. Evidentemente, esto nos sirve para pensar en la realidad de la muerte.

 

Nos sirve para pensar que el alma es inmortal y que lo que nosotros decidamos en esta vida, eso tendremos para siempre. Por eso, San Gregorio Magno dice que hay que sacar las cosas nuevas y las cosas viejas. Las cosas viejas hacen referencia al Antiguo Testamento, en donde el Señor intentaba educar especialmente a través de imágenes fuertes, por eso debemos seguir hablando de las realidades eternas, por ejemplo, de la condenación.

 

Pero, por otro lado, tenemos que sacar también las reservas nuevas, es decir, el Santo Evangelio, que el Señor prefiere más bien la medicina de la misericordia, porque por más pecados que hayamos tenido, Dios puede perdonar todo con tal de que nos acerquemos arrepentidos al sacramento del perdón y de la misericordia. Y este es el remedio que tenemos desde la Pasión de Cristo, y no antes.

 

San Gregorio dice que esto es lo nuevo que tenemos que recordar, repetir y traer siempre a nuestra mente:

 

Primero, que la Iglesia es esta red arrojada a este mundo y que por esta razón tengamos siempre la mirada de Dios, es decir, hacer lo posible para que las almas se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, que los pecadores cambien de vida.

 

En el mundo físico es imposible que un buen pez se transforme en algo que tenga que ser arrojado, pero en el mundo espiritual esto sí es posible. Es posible que el trigo se transforme en cizaña y la cizaña se transforme en trigo. Esa es la razón que nos apremia a tener alma de apóstol para lograr que las almas que son malas se conviertan por la predicación del Evangelio, por el ejercicio de la caridad, etc.; tenemos que intentar que esas almas se salven.

 

En segundo lugar, no debemos escandalizarnos por los pecados de los miembros de la Iglesia porque también nosotros somos pecadores. Y, es más, si Dios no nos asistiera con su gracia, podríamos cometer peores pecados que los que vemos y criticamos.

 

Así que debemos ocuparnos en intentar que los pecadores se arrepientan y nunca alejarnos de la Iglesia por lo que hizo o dijo un Sacerdote o un Obispo. Nosotros estamos en la Iglesia por Dios, tenemos que intentar agradarle a Él.

 

Por último, recordar el gran sentido de la historia: el Señor quiere que todas las almas se salven. Podremos ver todos los males, pero también vemos que Dios escribe derecho en renglones torcidos. Los torcidos somos nosotros; pero a pesar de nuestras miserias, Dios es capaz de enderezar todas las cosas para el bien de los que lo aman.

 

Esa es la gracia que tenemos que pedir al Señor y a la Virgen Santísima, la de tener siempre esa mirada sobrenatural sobre todos los hechos de la historia del mundo en general, de la historia de la salvación y de nuestra vida en particular.

 

Nada manchado puede llegar al Trono de Dios. Por ello algunos serán apartados para siempre. Intentemos trabajar por nuestra salvación con temor y temblor y santificarnos en esta vida para no pasar por el purgatorio, en donde la duración es mucho más que el tiempo que vivimos en este mundo.

 

Trabajemos también por salvar almas para lograr darle a Dios toda la gloria y honra que podamos, para que así, en la gloria, recibamos el premio que merezcamos por haber trabajado en este mundo por y para Dios.


 
 
 

1 comentario


Patricia
hace 14 horas

La red es el Sagrado Corazón de Jesús❤️

🎼🎶🎵Tú, has venido a la orilla, no has buscado ni a sabios ni a ricos tan sólo quieres que yo te siga. Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo, has dicho mi nombre, en la arena he dejado mi barca, junto a Ti, buscaré otro mar. Tú, sabes bien lo que tengo, en mi barca no hay oro ni espada, tan sólo redes y mi trabajo. Tú, necesitas mis manos, mi cansancio que a otros descanse, amor que quiera seguir amando. Tú, pescador de otros lagos, ansia eterna de hombres que esperan amigo bueno que así me llamas.🎵🎶


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