top of page

¿Orgullo o Humildad?

Que el Sagrado Corazón de Jesús reine en la sociedad. Y que, frente al falso orgullo del mundo, aprendamos de Él la mansedumbre, la humildad, la pureza y el verdadero amor. 



Por P. Daniel Heenan, FSSP


El mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Desafortunadamente, hay personas que intentan darle a este mes un enfoque perverso. Hablan de un mes de orgullo, que es todo lo contrario del Sagrado Corazón, pues Nuestro Señor nos dijo que aprendiéramos de su Corazón porque es manso y humilde.


Pero también el Sagrado Corazón, a través de su amor ardiente, nos mueve a una conversión cada vez más profunda, porque reconocemos que nuestros pecados hieren su Corazón, que solo nos ha amado hasta consumirse en holocausto en la Cruz y sobre el altar. 


Los que hablan de orgullo, hablan de dejarnos llevar por nuestras pasiones desordenadas, y cuando hay este tipo de desenfreno, nos lleva a peores aberraciones, lo cual se comprueba cuando vemos los desfiles y manifestaciones a favor de estos pecados, que casi siempre terminan como una exhibición de las perversiones más asquerosas. 


El mensaje del Sagrado Corazón es que nuestro deseo de amor no tiene que contentarse con las cosas materiales o humanas. De hecho, el mensaje es que es imposible que el corazón humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, pueda satisfacerse con algo menos que la infinitud del amor divino. Tan tercos solemos ser para darnos cuenta de que debemos amar lo divino y lo espiritual, que el Amor divino tomó la forma de nuestra condición carnal para que podamos acercarnos más fácilmente a Él. 


Esta realidad se expresa elocuentemente en el prefacio de la Natividad, que curiosamente se permite usar en la fiesta de Corpus Christi, porque en efecto se celebra el mismo misterio: 


«Por el misterio de la Encarnación del Verbo, resplandeció ante los ojos de nuestra alma la nueva luz de tu claridad; para que, conociendo a Dios visiblemente, por Él seamos arrebatados al amor de las cosas invisibles». 


Esas cosas invisibles que deben arrebatar nuestros corazones incluyen principalmente el amor misericordioso de nuestro Dios, que se explica tan hermosamente en el Evangelio de hoy, cuando muestra cómo el Señor está dispuesto a dejar las noventa y nueve ovejas para encontrar la que se desvía sola. 


Podemos encontrar esta realidad en nuestras vidas si nos ponemos a reflexionar sobre las muchas gracias que el Señor nos ha dado, sobre todo a través de poder confesarnos una y otra vez, muy probablemente por los mismos pecados. A pesar de ser tan débiles para cumplir nuestros propósitos y, por ende, no corresponder como deberíamos al amor tan grande de Jesús, Él no se cansa de ir a buscarnos una y otra vez. 


Cuando el Evangelio dice: «Habrá gran alborozo entre los ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia», seguramente ese regocijo entre ellos se debe a que el gozo del Señor es aún mayor. 


Si meditamos esta realidad, entendemos más claramente lo que expresa el Padre Mateo Crawley-Boevey cuando dice que la desconfianza en Jesús es el pecado más incomprensible. ¿Cómo se puede desconfiar de Uno que ha dado tanto para mostrar su amor tan absoluto? 


Como cada año, promovemos la entronización del Sagrado Corazón en los hogares como una forma excelente de practicar esta devoción, porque le declara Rey de la familia de una forma muy concreta. Y los que ya lo han entronizado en sus hogares deben renovar su compromiso de vivir bajo su reinado con más fidelidad y generosidad. 


Debemos apreciar más sus infinitos tesoros. Como rezamos en las letanías: 


Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad. 


Y: 


Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. 


No hay manera más apropiada de combatir la mentira de un mes de orgullo —que esencialmente se puede llamar el mes de perversión— que promoviendo la devoción al Sagrado Corazón. En el fondo, creo que muchos que caen en esos pecados de libertinaje y perversión lo hacen, en parte, porque buscan en el amor humano lo que nadie puede encontrar en un ser limitado. Al conocer el amor infinito del Señor, pueden encontrar el consuelo y el afecto capaces de apartarlos de su vida desordenada. 


Esta realidad se expresa en el prefacio del Sagrado Corazón: 


«Quisiste que tu Unigénito Hijo, pendiente de la Cruz, fuese traspasado por la lanza del soldado; para que su Corazón abierto, sagrario de las divinas larguezas, derramase sobre nosotros torrentes de misericordia y de gracia; y el que jamás cesó de abrasarse en amor por nosotros fuese para las almas piadosas lugar de descanso, y refugio de salvación abierto para los penitentes». 


Que el Sagrado Corazón de Jesús reine en nuestras familias, en nuestra parroquia y en toda la sociedad. Y que, frente al falso orgullo del mundo, aprendamos de Él la mansedumbre, la humildad, la pureza y el verdadero amor. 


 
 
 

Comentarios


Las fotos e imágenes contenidas en este medio digital son tomadas de internet, consideradas de dominio público.

Si es el deseo de los propietarios retirarlas de éste sitio web, favor de ponerse en contacto con nosotros para que las imágenes sean retiradas.

  • Telegrama
  • Instagram
  • Facebook
  • X
  • Youtube
  • TikTok
IMG_2202.PNG
bottom of page