El Reinado de María
- P. José Ansaldi, OSE
- hace 20 horas
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El antídoto contra la dictadura del relativismo es la pureza doctrinal y moral del Inmaculado Corazón de María.

Por P. José Ansaldi, OSE
Han transcurrido más de 500 años desde el 31 de octubre de 1517, cuando Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la gran Catedral de Wittenberg. Este acto puso en marcha la llamada reforma protestante y marcó el fin de la cristiandad medieval.
Dos siglos después, el 29 de junio de 1717, fue fundada la gran logia de Londres. Este acontecimiento es considerado el nacimiento de la francmasonería moderna, la cual a su vez se encuentra directamente vinculada a la revolución francesa. Las logias masónicas fueron, en efecto, los laboratorios intelectuales y operativos en los que se gestó la demoníaca revolución de 1789.
El 26 de octubre o el 7 de noviembre de 1917, según se adopta el calendario gregoriano o el juliano, el partido bolchevique de Lenin y Trotsky tomó el palacio de invierno de San Petersburgo. Así, la revolución comunista rusa entró en la historia, de la que aún no ha salido.
1517, 1717, 1917 son, pues, tres fechas simbólicas, tres acontecimientos que forman parte de un proceso único.
Pío XII, en su discurso a los hombres de la acción católica el 12 de octubre de 1952, lo resumió en estos términos:
+ Cristo sí, la iglesia no. Se trata de la revolución protestante contra la iglesia.
+ Dios sí, Cristo no. Se trata de la Revolución francmasónica contra los principales misterios del cristianismo.
+ Y finalmente, el impío grito, Dios ha muerto, o más bien, Dios nunca existió. Se trata aquí de la revolución comunista atea.
Y, concluía Pío XII, aquí se encuentra el intento de edificar la estructura del mundo sobre fundamentos que no dudamos en señalar como los principales responsables del peligro que amenaza a la humanidad. Tres etapas de un proceso único que alcanza en nuestros días su apogeo.
La Iglesia ha empleado el término Revolución con “R” mayúscula para describir su esencia metafísica e histórica y su trascendencia secular.
Pero en 1917, como todos lo sabemos, otro acontecimiento tenía lugar. Un acontecimiento que podemos calificar como contrarrevolucionario.
Las apariciones de Nuestra Señora de Fátima a tres humildes pastorcitos. El mensaje de Fátima no es únicamente un mensaje anticomunista. Es también un mensaje antiliberal y antiluterano, pues los errores de Rusia descienden de los errores de la revolución francesa y del protestantismo.
El 13 de mayo de 1917, en la Cova da Iría, un lugar solitario de rocas y olivos, próximo al pueblo de Fátima en Portugal, una Señora vestida de blanco, más brillante que el sol, irradiando rayos de luz más claros y fuertes que un vaso de cristal lleno del agua más cristalina, traspasada por los ardientes rayos del sol, se apareció a tres niños que pastoreaban sus ovejitas. Francisco y Jacinta Marto y su prima Lucía dos Santos. Esta Señora se reveló como la Madre de Dios, portadora de un mensaje para la humanidad, tal como lo había hecho anteriormente en París, en la Rue du Bac en 1830 y en Lourdes en 1858.
Nuestra Señora citó a los tres pastorcitos el día 13 de cada mes hasta el 13 de octubre. En total tuvieron seis apariciones. La última concluyó con un gran milagro atmosférico, un sello milagroso del Cielo: la Danza del Sol, contemplada por miles de personas que pudieron describirla en detalle y que fue vista incluso a 40 kilómetros de distancia.
La historia del siglo XX hasta nuestros días ha sido el escenario de la lucha entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. Los primeros se nutren de lo que podría llamarse el espíritu de Fátima, los segundos, del espíritu de las tinieblas, que en el siglo XX se manifestó principalmente bajo la forma del comunismo y sus metamorfosis.
Antes que un lugar, Fátima es un mensaje. El mensaje revelado por Nuestra Señora de Fátima contiene tres partes llamadas secretos que constituyen un todo orgánico, un todo coherente. La primera parte es una visión aterradora del infierno al que son arrojadas las almas de los pecadores. La misericordia del Inmaculado Corazón de María contrarresta ese castigo y es el remedio supremo ofrecido por Dios a la humanidad para la salvación de las almas.
Orad, orad por los pobres pecadores, haced penitencia, rezad el rosario por los pobres pecadores, dice Nuestra Señora. Muchos se van al infierno porque nadie reza por ellos.
La segunda parte implica una dramática alternativa histórica: La paz, resultado de la conversión del mundo y del cumplimiento de las peticiones de Nuestra Señora, o bien un terrible castigo que aguardará la humanidad si persiste obstinada en sus caminos de pecado. Rusia sería el instrumento de dicho castigo.
La tercera parte, divulgada por la Santa Sede en junio del año 2000, extiende esta tragedia a la vida de la Iglesia, ofreciendo una visión del Papa, de los obispos, de los religiosos y de los laicos, repentinamente abatidos por sus perseguidores.
El antídoto contra la dictadura del relativismo es la pureza doctrinal y moral del Inmaculado Corazón de María. Será Nuestra Señora, y no los hombres, quien destruya los errores que nos amenazan. El Cielo, sin embargo, ha pedido una colaboración concreta de la humanidad.
Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará, dijo Nuestra Señora a los tres niños el 13 de julio de 1917. El triunfo del Inmaculado Corazón de María, que es también el Reinado de María anunciado por muchas almas privilegiadas, no es otra cosa que el triunfo en la historia del orden natural y cristiano custodiado por la Iglesia. Nuestra Señora anunció este triunfo como el resultado final de una larga prueba, de días trágicos, de penitencia y de lucha, pero también de una inmensa confianza en su promesa.
Es la palabra de María, es la promesa de la Santísima Virgen. Su Corazón Inmaculado triunfará. Es la Virgen que habla, es la Virgen que lo dice, que lo profetiza.
Por eso, no tenemos derecho a caer en el desaliento ni en la tristeza. No tenemos derecho a dejar de esforzarnos. Debemos creer, debemos amar, debemos trabajar, debemos colaborar con María, con el corazón lleno de esperanza.
Rosario diario, sacrificios, penitencia, consagración de nuestra vida a María, práctica sacramental, devoción reparadora de los cinco primeros sábados de cada mes. Eso es lo que el Cielo espera de nosotros. Recordémoslo cada día.
Su Corazón Inmaculado triunfará. Volvamos pues nuestros ojos a Ella, pidiéndole que acelere ese tiempo, el tiempo de su triunfo, y que nos haga instrumentos en nuestra época para su victoria sobre la revolución.
Super revolutionem victoria in diebus nostris. Lo que equivale a decir, al final, su Inmaculado Corazón triunfará.





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