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Los Tipos de Mentira y su Gravedad

Actualizado: 12 dic 2025

Toda mentira se opone a la virtud de la verdad. Sin embargo, no todas las mentiras son iguales ni tienen todas la misma gravedad.



Por Juan J. Vázquez


Santo Tomás de Aquino distingue 3 modos de falsedad:


1. Falsedad Material: Que lo que se dice sea objetivamente falso.

 

2. Falsedad Formal: La intención de decir lo que se cree o se sabe que es falso.

 

3. Falsedad Efectiva: El propósito o fin de engañar a otro.

Para el Aquinate, lo que define moralmente a una acción como “mentira” es la falsedad formal. Es decir, no es si lo enunciado es objetivamente falso (falsedad material), ni si se logra engañar a la otra persona (falsedad efectiva), sino la intención consciente y deliberada del hablante de ir en contra de su propio conocimiento (falsedad formal).


Por tanto, si alguna persona dijese algo falso que cree que es verdad, a pesar de existir falsedad material, al faltar la intención de proferir algo falso, no se darían las condiciones para constituir una mentira.


Más si fuese el caso contrario, en el que la persona dijese algo cierto creyendo que lo que se dice es falso, existiría por tanto falsedad formal al intentar ir en contra de su propia mente, y por tanto a pesar de ser cierto lo enunciado, se constituiría moralmente una mentira.


Santo Tomás divide la mentira en 3 categorías principales:


1. Mentira Jocosa: Aquella dicha en broma o por diversión, sin intención de causar grave daño a nadie ni ser maliciosa.

 

2. Mentira Oficiosa: Aquella dicha por utilidad, ya sea con la intención de ayudar a otro o a uno mismo, o con intención de evitar un mal sin dañar a nadie.

 

3. Mentira Perniciosa: Aquella dicha con la intención maliciosa de dañar a otro.

Aquino enseña que los 3 tipos de mentira son pecado, ya que como mencionamos previamente, lo único esencial para que una acción moral sea una “mentira”, es la intención voluntaria y deliberada de decir algo falso. En las 3 categorías esto se cumple. Sin embargo, no todas las mentiras son pecado mortal.


Toda mentira es pecado puesto que es siempre indebido y antinatural decir con palabras lo contrario a lo que se piensa. “Lo que es intrínseca y naturalmente malo no hay modo posible de que sea ni bueno ni lícito, porque para que una cosa sea buena se requiere que todo en ella lo sea”. (S. Th. II-IIae, q. 110, a. 3)


Pero si toda mentira es pecado, ¿qué hay de aquellas ocasiones en las que uno debe mentir para salvar vidas o evitar un pecado peor?


Santo Tomás enseña que el fin nunca justifica los medios, por lo que no es lícito mentir para librar de un mal mayor a otro. Sin embargo, en tales circunstancias se puede engañar al otro haciendo uso astuto de la verdad, o velándola de forma parcial o completa según dicte la prudencia, puesto que no se está obligado a decir la verdad a quien no tiene derecho a saberla.


¿Qué mentiras son pecado mortal?


Si bien toda mentira es considerada pecado, no todas ellas son pecado grave. Es decir, toda mentira es por lo menos pecado venial, pero algunas constituyen un pecado mortal.

El criterio fundamental para incurrir en un pecado mortal, es el ir en contra de la virtud de la caridad, rompiendo así la comunión del alma con Dios.


Ahora bien, la mentira puede oponerse a la caridad de 3 maneras distintas: Por sí misma, por el fin intentado y ocasionalmente.


1. Por sí misma: Por decir algo sabiendo (o creyendo) que es falso.

En este rubro se peca mortalmente cuando:

a)      Se miente sobre cosas divinas (fe, religión).

b)      Se miente sobre cosas cuyo conocimiento es importante para el bien del prójimo.

Se considera pecado venial cuando la mentira es sobre cosas triviales sin importancia real ni daño alguno.


2. Por el fin intentado: La gravedad depende de la intención buscada con la mentira.

Se peca mortalmente cuando:

a)      Se busca ofender a Dios.

b)      Se busca dañar al prójimo en su persona, bienes o reputación.

Se peca venialmente cuando no se busca dañar a nadie, como la mentira jocosa u oficiosa.


3. Ocasionalmente: Por las consecuencias derivadas de la mentira.

Se peca mortalmente cuando se miente en público con indiferencia o negligencia por el escándalo o el daño significativo a la fe de otros que su acción puede causar.

“Por lo tanto, habiendo dejado la mentira, hablen la verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros del mismo cuerpo”. (Efesios 4, 25).


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Cf. S. Th. II-IIae, q.110


 
 
 

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