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La fe no se Negocia

Bajo la apariencia del diálogo se nos quiere hacer pensar que tenemos que quedar bien con todos y en esa intención muchas veces se termina negociando la fe.

 


Por P. Jorge Hidalgo

 

La Iglesia ha luchado durante siglos para defender la verdad de Cristo y ha habido multitud de mártires, multitud de desterrados y de santos para sostener las verdades tan importantes de la fe, para no ceder ni un ápice, no ceder ni una coma ante las herejías que surgían.


En el siglo IV, por ejemplo, ocurrió una crisis de fe terrible con el arrianismo. Arrio era un sacerdote que, por una falsa interpretación de la fe, quería mezclar la fe católica con la filosofía del momento, que era la de Plotino, un neoplatónico que decía que había un solo Dios, pero que éste procedía de una emanación de demiurgos y que creaba lo inferior a través del intermediario. Con esta base, Arrio decía que el Verbo era la primera criatura creada.


Se apoyaba también en algunos textos de la Biblia que malinterpretaba -lo que es el problema del libre examen de los protestantes- y falsificaba la doctrina católica. Muchísimos Obispos combatieron este error, entre ellos, el principal Obispo del momento, que fue San Atanasio, quien por defender la fe católica fue desterrado cinco veces por el Papa Liberio, estando casi veinte años fuera de su diócesis por sostener que Jesús es verdadero Dios.


San Atanasio explicaba que la sabiduría que es creada es la del mundo, pero no la de Dios. Él fue uno de los grandes padres que defendió el primer Credo que tenemos, el de Nicea, que fue compuesto en el año 325, justamente en contra de los errores que promovía Arrio.


En ese Credo se afirma que Jesucristo es Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial al Padre. Aunque los que tradujeron la Misa en español no saben Filosofía y tradujeron “de la misma naturaleza del Padre”, en lugar de consustancial al Padre, que era justamente el término que los arrianos no podían admitir.

 

¿Cómo puede ser que el Hijo sea consustancial al Padre? Justamente este término lo que dice es que el Padre y el Hijo son dos personas distintas, pero son un único Dios, lo cual no es otra cosa sino el Misterio de la Santísima Trinidad, lo que la Iglesia siempre creyó.


Cristo es consustancial al Padre, distinto del Padre porque es otra persona, pero es la misma sustancia que el Padre porque es Dios y junto con eso Jesucristo tiene una humanidad real.


Esta última verdad fue otro tema que se distorsionó con base a algunos errores de la filosofía griega. Platón, aunque tiene cosas muy buenas, tiene una mala definición del hombre, ya que dice que el hombre es el alma encerrada en un cuerpo, como si fuera una cárcel, lo que en conclusión determina al cuerpo como algo malo.


Con esta base, los docetas, otros herejes, decían que la humanidad de Jesucristo era aparente, no real, porque Jesús no podía ser hombre si la carne es mala. Este error ya empezaba a existir en la época de Juan Evangelista y para combatir el error de los docetas, San Juan dice: el Verbo se hizo carne. Los primeros discípulos de los apóstoles, llamados padres apostólicos, recordaron y sostuvieron esta verdad.


De hecho, hay una anécdota de San Policarpo, que fue ordenado Obispo por San Juan. La anécdota dice que Policarpo se encontró con Marción, un doceta hereje que negaba la humanidad de Cristo. Entonces le dice Marción a San Policarpo:


-¿Me reconoces?Y San Policarpo le dice:-¿Cómo no conocer al primogénito de Satanás? 


Esta breve anécdota deja en claro que quien niegue la fe católica y niegue que el Verbo ha venido en carne, ese es el anticristo. San Policarpo lo tenía claro, negar la humanidad de Cristo también era algo del demonio, por eso llama a Marción, nada más ni nada menos que el primogénito de Satanás.


¿Se han extinguido las herejías?


¿Es distinto a lo que se escucha hoy en día? ¿La verdad se ha difundido y sostenido? Lamentablemente no. Bajo la apariencia del diálogo se nos quiere hacer pensar que tenemos que quedar bien con todos y en esa intención muchas veces se termina negociando la fe. Se nos dice: “Bueno, pero vos no tenés que ser tan radical, tan absoluto, tan totalitario” y se pretende que aceptemos sus confesiones, porque hay quien cree en Mahoma, otros en Buda, en Confucio y muchos otros que están confundidos, pero nuestra fe nos exige afirmar con firmeza que Jesús es el único Dios verdadero, que todos los demás son truchos. Cristo mismo lo dijo: Vendrán otros que son ladrones y asaltantes. 


Nosotros tenemos que afirmar con claridad que Jesús es el único verdadero Dios, es el único salvador de los hombres y que fuera de Cristo no hay otro nombre por el cual debamos salvarnos y esto nos debe mover, nos tiene que impeler a que prediquemos la fe católica a todos y justamente esto nos debe motivar a, incluso sostener económicamente a los misioneros que están yendo al último rincón del mundo a predicar.


Las misiones son muy importantes porque si a nosotros que tenemos la gracia de tener la fe católica, los sacramentos, la Santa Misa, la confesión frecuente y aun así nos cuesta trabajo vivir en amistad con Dios; es doloroso imaginarse al pagano que está en Asia, que vive y está de acuerdo con una gran cantidad de aberraciones que ofenden a Dios. Nuestra fe, la afirmación de que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, nos tiene que motivar y recordar que el Evangelio tiene que llegar a todos los pueblos y que esta es una tarea de toda la iglesia, no es una tarea solamente del misionero que se atreve a ir a predicar al último rincón del mundo.


Mantenerse firmes en la fe 


Por tantos errores y herejías, debemos tener presente que con la fe no se negocia, como dijo Jacques Maritain que en algún momento tuvo buen pensamiento. Decía entonces que los cristianos del siglo IV eran capaces de ir a la muerte con tal de no agregarle una “i” al Credo.


Porque en griego, consustancial se dice homoousios, pero los semiarrianos que querían quedar bien con los unos y los otros, agregaban una “i” y decían: homoiousios que significa que Jesús tenía una sustancia similar, lo cual es teológicamente opuesto a consustancial.


Nosotros tenemos que mantener el Credo impoluto, sin mancha y debemos defenderlo hasta las últimas consecuencias, aunque nos cueste el destierro como a San Atanasio o nos cueste el martirio como a San Hermenegildo, cuya muerte fue ordenada por su propio padre, Leovigildo, rey de España en donde el arrianismo se había impuesto a sangre y fuego. San Hermenegildo prefirió la muerte antes de claudicar de la fe católica; después de su muerte, su hermano Recanedo heredó el reino y abjuró el arrianismo, gracias a lo cual España se hizo católica en el Tercer Concilio de Toledo.


Como éstos, hay una gran cantidad de ejemplos de grandes hombres y mujeres que prefirieron el martirio antes de negar su fe, gracia que debemos pedir a la Virgen Santísima, para que, aunque el martirio lo cause incluso nuestra propia familia o amigos, nos mantengamos firmes, con una fe íntegra, sin mezclarla con nada ni con nadie, porque sin la fe es imposible agradar a Dios, como dice la Sagrada Escritura.


 
 
 

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