La Grandeza del Sacerdote
- P. Jorge Hidalgo

- 11 jun
- 5 min de lectura
El Sacerdote vive para que Cristo se haga presente en el Altar y preparar las almas para Dios.

Por P. Jorge Hidalgo
¿Cuál es el papel del Sacerdote? ¿Le toca hoy entretener a los fieles? ¿Cuidar las relaciones? ¿Aprobar sus ideas para que no se alejen de la Iglesia? Conviene hoy recordar la función del Sacerdote conforme a lo dicho en la misma Sagrada Escritura, y explicado también por Santo Tomás de Aquino.
A veces unos quieren que el Sacerdote sea un asistente social, un solucionador de problemas; a veces será necesario y a veces el Sacerdote podrá mediar en alguna cosa que los demás no pueden lograr; pero ante todo el sacerdote tiene la función sagrada y una función pastoral, todo lo demás se ordena justamente a esto: Que nos unamos a Cristo y que por Cristo vayamos al Padre.
Un gran sacerdote argentino, el Padre Julio Meinvielle, decía: “No hay peor fermento revolucionario, que la naturalización del Evangelio”. Esto se aplica cuando nosotros tenemos al Sacerdote como un amigo o un vecino; por supuesto que el Sacerdote tiene que ser un hombre común, pero lo más importante es la vida sobrenatural, y eso es lo que los fieles deben pedir y cuidar de los Sacerdotes.
En la misma Sagrada Escritura encontramos una definición de lo que es un Sacerdote, dice la carta a los Hebreos, cap. 5:
Porque todo sumo sacerdote es entresacado de los hombres, es puesto para beneficio de los hombres en lo que mira al culto de Dios, a fin de que ofrezca todo ese sacrificio por los pecados.
Y más adelante dice: Nadie se arroba esta dignidad si no es llamado como lo fue Aarón.
A la luz del más sabio de los santos y el más santo de los sabios
Santo Tomás, el mayor teólogo de la Iglesia de todos los tiempos, a quien siempre nosotros debemos recurrir, sobre todo en esta etapa de gran confusión en la teología, el pensamiento cristiano y en el amor de Cristo; comenta que esta carta a los Hebreos se refiere a cuatro cosas:
Alteza de Grado. En esta primera observación dice que el Sacerdote es tomado de entre los fieles; es decir el sacerdote tiene una familia, nace en el seno de una familia cristiana generalmente; por eso es tan importante que los padres de familia sean generosos trayendo niños al mundo, que la primera catequesis sea en el hogar, que la primera oración se enseñe junto con las primeras palabras.
De ahí, del seno de una familia, el Señor lo separa para una función sagrada, para hacer las mismas veces de Jesucristo. Lo separa de lo profano porque está dedicado a lo sagrado, a las cosas de Dios; y por eso puede hacer puentes, que es lo que quiere decir la palabra pontífice: hace un puente entre el cielo a la tierra, entre los que estamos en este mundo y el mismo Dios; a quien baja con sus palabras y lo hace presente en el sacramento del Altar.
Alteza de función. En segundo lugar, Santo Tomás explica que la alteza de la función del sacerdote se refiere a la sublimidad de la función del pontificado, porque el Sacerdote tiene que ser Pastor, no tiene que ser mercenario. ¿Quién es el mercenario según la parábola del Buen Pastor?, aquél que quiere aprovecharse de las ovejas, el que quiere un beneficio en este mundo.
El sacerdote no debe hacer eso, sino que debe ser Pastor, congregar a las almas, especialmente buscar a los más alejados y hacer crecer en santidad a los que están cerca.
Principalidad del Sacerdote. En tercer lugar, Santo Tomás explica que el texto se refiere a la principalidad del sacerdote, es decir, a lo primero que tiene que hacer, que no es otra cosa sino el culto divino, porque la Santa Misa es la renovación incruenta del sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo.
Cuando uno piensa en el sacrificio de Nuestro Señor pensamos en el Viernes Santo, pero el Señor se ha sacrificado toda su vida, aunque el Viernes Santo ha sido la cúspide de su sacrificio; un sacrificio cruento, con dolor, con sangre, con derramamiento de lágrimas.
Ahora en la Santa Misa ocurre el mismo sacrificio, pero de manera incruenta, de manera mística eso representa el sacrificio de nuestro Señor, por eso el Sacerdote primero consagra el pan y después consagra el vino, ya que en el orden natural, si tuviéramos por un lado el cuerpo y por otro lado la sangre de la persona, esa persona estaría muerta.
Incluso, si uno se plantea cómo debería ser su participación en la santa Misa, hay que remontarse al Calvario. ¿Cómo estuvo la Santísima Virgen María?, ¿Cómo estuvo San Juan, las otras Marías?, ¿Cómo habría estado San José?... En oración, compungidos, estarían adorando a Dios. Esta tiene que ser nuestra actitud en la Santa Misa.
Y el Sacerdote, por supuesto que tiene muchas funciones, pero la principal es renovar el Santo Sacrificio de la Misa; y, además, preparar a los fieles para el Santo Sacrificio, porque como dice San Pablo en la carta a los Corintios: “El que come y bebe indignamente el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación.” Por esa razón nosotros tenemos que estar siempre en gracia de Dios para recibir la Santa Comunión.
La secuencia de Santo Tomás dice: “Lo reciben buenos, lo reciben malos; vida para unos, muerte para otros”. El Sacerdote tiene la función de prepararnos con el sacramento de la reconciliación; con la confesión nuestras almas podrán recibir la gracia del perdón.
Además, debe prepararnos para que, cuando tengamos que partir de este mundo e ir al encuentro con Dios, tengamos también el otro perdón que necesitamos junto con la santa confesión, que es la Santa Unción que perdona los restos del pecado.
El Sacerdote vive para que Cristo se haga presente en el altar y vive también para que los fieles estén lo más dignos posible para recibir la Santa Comunión en esta vida y para encontrarse con Dios cara a cara en el Cielo; es decir que prepara las almas para Dios.
Acto Sacerdotal. Y por último dice Santo Tomás que este acto sacerdotal es lo que debe hacer el Sacerdote: Debe ofrecer a Dios dones, un ofrecimiento voluntario. Cristo se ofreció a sí mismo hasta las últimas consecuencias. El Sacerdote debe tener esa mirada de piedad y de misericordia, una mirada que brota justamente de que el Sacerdote ha sido sacado del pueblo y que evidentemente nadie nació santo y debe luchar para agradar a Dios cada día; debe estar inclinado a dar el culto a Dios y a que las ovejas se arrepientan y vuelvan al seno de la unidad de la Iglesia.
De hecho hay que pedirle mucho a Dios para que todos los Sacerdotes tengamos esa mirada sobrenatural, que implica no solo saberlo, sino vivirlo en consecuencia, porque los Sacerdotes tenemos siempre que estar dispuestos a inmolarnos y esto implica vivir de acuerdo con la fe que nosotros profesamos.
Concluyo con otra frase del mismo Padre Meinvielle:
“No solo hay que rezar y hay que ser de buena doctrina, sino que también hay que actuar en consecuencia; estas tres cosas son las que hacen a un buen sacerdote. No una ni dos, sino las tres.”
Necesitamos querer rezar, porque el sacerdote que no reza no puede dar lo que no tiene; necesitamos creer todo lo que la Iglesia enseña para vivir siempre de acuerdo a la fe católica; y por último, además necesitamos vivir de acuerdo a eso, esto es lo que siempre debe hacer el sacerdote, todo lo demás tanto y cuanto sirva para que se dé el Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo.
Que la Virgen nos conceda buenos y santos sacerdotes según el querer de Dios; Ella que, como Medianera de todas las gracias, nos alcanza de Jesucristo todo lo que le suplique.





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