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¿Por qué Cristo Demora su Venida?

hace 9 horas
5 min de lectura
  • El Señor no quiere que estemos ociosos, nos quiere trabajando por nuestra salvación. Hay que desvelarse por Él y por la salvación de otras almas.

 


Por P. Jorge Hidalgo

 

En distintos momentos de la historia, los pueblos han sido llamados a servir a Cristo y a poner al Señor como su centro. Los primeros pueblos llamados para reemplazar al pueblo judío, porque se negó a creer e incluso traicionó a Dios, fueron los pueblos de Europa, por ejemplo, Italia, Francia, España. Y así como a ellos, el Señor seguirá llamando a cada pueblo de la tierra.

 

Ésa es una de las razones por las cuales Cristo demora su venida, su Parusía, porque el Señor vendrá al final de los tiempos, cuando el Evangelio sea predicado a todos los pueblos de la tierra. Esto no quiere decir que en el momento de la Parusía todos deban ser católicos, porque es posible que muchos pueblos hayan apostatado de la verdadera fe. De hecho, lamentablemente es lo que está sucediendo en Europa, está desdiciendo sus raíces, porque como decía el famoso escritor Belloc, “Europa, es la fe y la fe es Europa”, pero hoy vemos un proceso de destrucción y de apostasía en el continente.

 

Está, por ejemplo, el problema demográfico: los niños no son todos europeos, por lo que la cultura va a dejar de ser europea porque además los europeos no tienen hijos. Y así como América ha imitado algunas cosas buenas de Europa, también está imitando lo malo, como éste problema.

 

América debería ser, o Argentina debería ser, por ejemplo, Europa en América con vocación rectora, decía el Padre Meinvielle; pero lamentablemente estamos imitando lo peor de Europa, por lo que también estamos en un proceso de apostasía y de olvido de la fe.

 

Sin embargo, en este momento en que uno considera que el cristianismo va mal, hay un lugar en el que está creciendo el número de católicos. Esto está ocurriendo en África, en donde la Orden San Elías que se dedica a las misiones Ad gentes, ha reportado el bautismo de 500 personas en pocos días y se ha Celebrado la Santa Misa en donde nunca antes se había Celebrado, en lugares tan recónditos que no aparecen en Google maps.

 

Por eso el Señor sigue esperando y espera hasta el último momento para que la fe llegue a predicarse hasta los últimos rincones de la tierra. Cuando esto ocurra, vendrá el Señor a darle a cada uno según sus obras y empezará a pagar al revés, como en la parábola de los obreros de la viña, en la que el dueño pagó primero a los que empezaron a trabajar al último.

 

¿Por qué empezar al revés? Porque los últimos van a haber combatido contra más cosas y más terribles, ya que, así como crece la predicación de la fe y de la verdad, también crece el mal en el mundo, incluso dentro de la Iglesia, y no todos lo observan. Los Obispos de África, por ejemplo, son los más valientes para defender la doctrina ante todas las distorsiones que se están difundiendo.

 

Y como en esta parábola, en la que a lo largo del día el propietario de la viña invita a los obreros a trabajar, así Dios nos llama a seguirlo en distintos momentos de nuestra vida. Algunos seguramente han tenido la gracia de nacer en una familia cristiana y al mismo tiempo que aprendieron a decir mamá y papá, aprendieron a darle un besito a la Virgencita, por ejemplo, o desde muy chicos aprendieron que hay que rezar en la mañana y en la noche. En esos casos podemos decir que se está sirviendo a Dios desde el primer momento del día.

 

Sin embargo, hay otros que son llamados a mediados del día. Puede ser cuando ocurre algo en su vida o en su familia que los hace voltear a ver a Dios. Al final, están los que son llamados en el último momento de su existencia, antes de morir, entonces Dios les concede alguna gracia, puede ser que una persona ofrezca traer un Sacerdote y que ellos acepten incluso confesarse, y aunque haya sido en el último momento de la vida, esas personas dicen que sí y se salvan, y lo que van a recibir es, como dice la parábola de la viña, un denario, es decir el Cielo: Van a recibir lo mismo que uno que mantuvo una relación con Dios toda la vida.

 

Desde el punto de vista humano esto parece injusto, pero en realidad, nadie tiene derecho a ver a Dios y siempre será algo mucho mayor ver a Dios y la recompensa eterna del Cielo, que las buenas obras que yo pueda hacer en este mundo y que, por supuesto, debemos seguir intentando hacer. Por esta razón, siempre la salvación es desproporcionada, el premio es mucho más grande que el trabajo que podemos realizar en esta vida.

 

Es importante puntualizar que si bien la salvación es un regalo porque nadie tiene derecho de ir al Cielo y que Dios le puede conceder la gracia de la conversión en el último momento de su vida a una persona que hizo mucho mal, no quiere decir que todos se van a salvar.

 

El Señor quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, como dice San Pablo en la carta a Timoteo, pero lamentablemente esto no quiere decir que todos se salven, porque si una persona rechaza la salvación, no puede ir al Cielo.

 

El Señor no quiere que estemos ociosos, nos quiere trabajando por nuestra salvación con temor y temblor, como quien pone todo su afán en ganar dinero para cambiar el auto, para realizar un viaje o comprarse cualquier otra cosa; o que se empeña en su trabajo en la política, en la opinión pública.

 

¿Nosotros para qué trabajamos? Nosotros tenemos que trabajar para Dios, tenemos que desvelarnos por Él, tenemos que lograr que más almas se salven, ésa debería ser nuestra ocupación, lo demás, tanto cuanto me ayude a servir a Dios, estará bien, si no, habrá que ignorarlo.

 

Nuestro gran trabajo, con todo lo que implique: esfuerzo, lucha, constancia, perseverancia; debe ser adorar a Dios y servirlo. Que Él nos ayude a tener los pies en la tierra y el corazón en el Cielo con la ayuda de Nuestra Madre para mantener esa mirada sobrenatural; y la gracia de tener siempre bajo nuestra mirada interior el deseo de llegar a Cristo el Señor. Mientras más trabajemos en este mundo, más haremos que otras almas se arrepientan, se conviertan, vivan en gracia de Dios y de esta manera lleguen a verlo cara a cara en la eternidad.


 
 
 

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