Elevar Nuestros Corazones al Cielo
- P. Daniel Heenan, FSSP

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La Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo nos prepara para su regreso glorioso al final de los tiempos.

Por P. Daniel Heenan, FSSP
Esta semana celebramos la fiesta de la Ascensión de nuestro Señor. Aunque en muchos lugares (como en México) ya no obliga la misa este día, es interesante notar que figura entre los días de precepto en el calendario universal de la Iglesia porque se trata de un misterio de la fe de suma importancia.
Por ya no obligar la misa, muchos católicos no aprecian debidamente lo que significa que Jesús subió gloriosamente al cielo. Sin embargo nos conviene entender mejor, especialmente porque en cada misa cuando hacemos referencia a la muerte y resurrección de Nuestro Señor, también mencionamos su gloriosa ascensión a los cielos. ¿Qué significa la Ascensión del Señor para nosotros?
La ascensión es una parte esencial de los misterios pascuales y la victoria de Cristo por varias razones. Primero porque Cristo se anonadó y se humilló tan completamente, la justicia requiere que sea glorificado y exaltado. Ascendió en triunfo después de su aparente derrota.
Adán fue expulsado del primer santuario que fue el Edén. Ahora el nuevo Adán toma su lugar en el santuario definitivo para siempre. Cristo entró como cabeza de su cuerpo místico. Está a la diestra del Padre en su humanidad preparándonos un lugar como ha dicho. Este hecho es la causa de nuestra esperanza. La humanidad está en el cielo. Dice San León Magno: “La Ascensión de Cristo es nuestra elevación.” También comenta San Pablo; “Resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos, por encima de todo principado y potestad y virtud y dominación y de todo cuanto tiene nombre, no sólo en este siglo, sino también en el venidero.” (Efesios 1:20–23).
La Ascensión nos enseña la transformación y maduración que se tiene que efectuar en nuestra vida de fe. Le dijo a Santa María Magdalena que no la tocara porque aún no había ascendido, dándonos a entender que nuestra fe tiene que ver hacia el cielo donde está Cristo y no puede ser detenida por las cosas de este mundo ni por nuestra condición terrenal. Los apóstoles se llenan de tristeza por la partida del Señor y les asegura que les conviene que se vaya. Nosotros necesitamos entender que la vida del cristiano requiere también enfrentar la tristeza de dejar atrás las cosas que aparentan darnos gusto en este mundo para poder orientarnos más completamente hacia el cielo.
Cristo también asciende al cielo para inaugurar la liturgia celestial en que participa la iglesia. Cristo es sacerdote eterno y, como el sumo sacerdote en el Antiguo Testamento entraba una vez al año al santo santorum para implorar misericordia, ahora Cristo entra en el santuario celestial una vez para siempre. Lo explica San Pablo en su carta a los Hebreos:
En cambio presentóse Cristo como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una liberación definitiva. Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de una becerra santifican con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto al Dios vivo!
Pues bien, Cristo no entró en un santuario hecho por mano humana, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro, y no para ofrecerse a sí mismo.
(Heb 9:11-14, 24-25)
Ahora está haciendo intercesión perpetua para nosotros y dando poder y eficacia a la liturgia de la Iglesia en la tierra porque está vinculada con la adoración que Cristo ofrece al Padre perpetuamente en el Cielo.
Finalmente la Ascensión nos prepara para su regreso glorioso al final de los tiempos. Volverá como se fue, nos prometió, entonces debemos de no solo esperarlo, sino trabajar para el avance de su reino como dio a entender a los apóstoles. Al final Cristo será todo en todo, entonces nosotros como miembros suyos somos comisionados para continuar su misión a través de la Iglesia.
Explica un autor:
Y hay algo más que resulta sumamente espléndido en la Ascensión: Cristo la predijo, y lo hizo de tal manera que enseñara a los apóstoles la naturaleza milagrosa de la Eucaristía. En Juan 6:56-58, leemos:
"Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él. Así como el Padre viviente me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él también vivirá por mí.
Inmediatamente después de escuchar estas palabras, algunos de sus discípulos se escandalizan, algunos incluso hasta el punto de alejarse de Él. Jesús les dijo entonces que sabrían que sus palabras eran ciertas cuando vieran un milagro evidente con sus propios ojos: su Ascensión." Versículos 62-63:62.
Pero Jesús, sabiendo en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo:
«¿Esto os escandaliza? ¿Y si veis al Hijo del Hombre ascender adonde estaba antes?
Que celebremos la fiesta de la Ascensión con la dignidad que merece. Santo Tomás nos dice que uno de los efectos principales de su Ascensión es elevar nuestros corazones al cielo.





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