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El Asombro es el Principio de la Sabiduría

  • Un hombre está educado cuando piensa en la vida humana tal como la piensa el Autor de la vida humana.



Por P. Daniel Heenan, FSSP


Llevamos varios siglos en los que la visión de la educación ha sido profundamente distorsionada porque hemos rechazado el destino sobrenatural del hombre. El individuo debe ser educado principalmente para servir a la sociedad y ser útil. Pero como dice San John Henry Newman:


«La ampliación de la mente es el verdadero fin de la educación».


La inteligencia debe ser formada y ensanchada porque está orientada hacia la verdad y, como explica el padre Antonin-Gilbert Sertillanges:


«Toda verdad proviene de Dios».


Al conocer la verdad y reconocer su origen divino, llegamos a ser más humanos y, por ende, más felices.


Por eso dice John Senior: «El fin de la educación es la felicidad».


Pero ¿cuántos de nosotros tenemos una experiencia de educación muy distinta de la que aquí proclama Senior? Y más aún, ¿cuántos de sus hijos podrían decir que educarse les hace felices? ¿No es normalmente todo lo contrario?


Cada vez más padres están reconociendo que hay algo deficiente en nuestro sistema educativo. Tal vez quieren salvar a sus hijos de las muchas malas ideologías, y eso está muy bien. Pero al hacer eso, ¿qué alternativa proponen? 


No educar no es una opción, porque el ser humano, muy distinto de todos los demás animales, requiere la formación de su intelecto, su voluntad y sus pasiones durante mucho tiempo. De hecho, la educación es un proyecto de toda la vida. Las bases que ponemos en la infancia son factores determinantes, en muchos casos, del tipo de vida que una persona llegará a vivir, y eso es independiente de las habilidades intelectuales o de las circunstancias económicas. 


La cuestión es si la persona será solamente una pieza en la máquina o si despertará su capacidad de enamorarse de la verdad, del bien y de la belleza.


Una buena educación, que por supuesto tiene a Dios en el centro, no consiste simplemente en evitar lo inmoral o en darles a sus hijos muchos libros de santos, aunque eso también es muy importante.


Otra vez dice John Senior: «Los antiguos comprendían que la educación es, en esencia, la formación del alma».


El alma anhela conocer la verdad como la conoce Dios: la verdad en su plenitud y no solamente datos aislados. La sabiduría es la huella eterna del Arquitecto divino y, como explica Senior: «El asombro es el principio de la sabiduría».


Newman, en La idea de la universidad, explica qué tan importante es vivir en una comunidad que cultiva la vida intelectual y los valores cristianos para educar bien. Tenemos que entablar esas conversaciones con el prójimo para poder, como explica el padre Edward Leen, capacitarnos para entrar en la conversación de la tradición con las mentes más brillantes de todos los tiempos.


Y el Papa Benedicto XVI explicó, en varios discursos muy interesantes, que cuando entendemos que la verdadera educación abarca a toda la persona, comprendemos que el culmen de toda educación debe ser la liturgia: la obra más perfecta realizada en este mundo y la que vincula al hombre con su destino eterno.


Luego les puedo recomendar varios libros que profundizan estas ideas. Para comenzar les dejo dos: La Belleza en la Palabra: Repensar las bases de la educación, por Stratford Caldecott y La abolición del hombre, de C. S. Lewis. Ambos se pueden encontrar en Amazon.


Les dejo también un extracto de otro libro, ¿Qué es la educación verdadera? de Edward Leen (aún no disponible en español), que explica la transformación del paradigma que necesitamos lograr:


La educación debe desarrollar las capacidades de la mente, la imaginación y el cuerpo que permitan adquirir con facilidad y prontitud lo necesario para ejercer una vocación más adelante en la vida. La persona debe recibir una formación en los principios de la vida económica para que pueda desempeñar su papel como ciudadano en la construcción de un orden social justo.


Estos elementos, sin embargo, distan mucho de ser los más importantes.


«Cuando el hombre ha alcanzado la independencia económica, se le presenta ante sí la gran obra a la que es llamado por el Autor de su ser y por los impulsos de su propia alma. Dios le exhorta a alcanzar una vida humana excelente. Él mismo aspira a una vida que sea eminentemente satisfactoria y gratificante. Dios le exhorta a buscar la felicidad incluso en este mundo. Él mismo desea ardientemente alcanzar la felicidad incluso a través de las experiencias que se encuentran en este lado de la tumba».


Esto se logra armonizando su visión de lo que constituye esta excelencia con la visión de Dios sobre este asunto. La tarea principal del educador es utilizar todos los medios a su alcance para lograr esta armonía.


Un hombre está educado cuando piensa en la vida humana tal como la piensa el Autor de la vida humana.


Está más educado cuando puede apreciar las emanaciones de la belleza del Artista Supremo y las imitaciones de esa belleza que provienen del genio creativo del hombre.


Está aún más educado cuando puede expresar la verdad que ha captado con palabras o mediante una expresión adecuada de esa belleza en materiales plásticos.


La perfección de la educación se alcanza cuando sumamos a la comprensión de la verdad y a la apreciación de lo bello, la aplicación de la voluntad para ajustar el comportamiento a los cánones de lo verdadero y lo bello.


Porque ser feliz es simplemente vivir excelentemente, como corresponde a un hombre vivir. Un hombre vive como le corresponde cuando vive según la razón, según ideales adecuados y según una naturaleza emocional y estética sometida a la razón; y, como corresponde a un hombre cristiano, cuando esos ideales están iluminados por la luz de la fe.


Educación en la fe y la sabiduría perenne


Sedes Sapientiae es un apostolado de nuestra comunidad dedicado a la educación de los niños en la tradición católica. Es un colegio híbrido centrado en la tradición y la liturgia, con el objetivo de educar a las futuras generaciones no solamente en la fe, sino también en la sabiduría perenne. 


De verdad es una herramienta que todas las familias deben considerar, porque en muchos aspectos las crisis que vivimos, son crisis de formación y una tendencia a deshumanizarnos. Pero como dice el gran educador John Senior:


«Ningún sistema educativo puede ser sólido si ignora el destino eterno del hombre».


Sedes Sapientiae no es la única manera de lograr una educación sana, pero sí aporta tres elementos muy valiosos:


  • La visión correcta y clásica de los propósitos de la educación


  • Una comunidad unida en la misma misión que fortalece la labor educativa


  • El vínculo con la liturgia y la tradición católica


Cualquier interesado puede acercarse a la FSSP para conocer más sobre este modelo educativo.



 
 
 

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