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Cuidado con los Poderosos y Herejes que Dividen la Iglesia

  • Cristo quiere que nosotros estemos unidos en Dios, en la única fe católica.



Por P. Jorge Hidalgo


El Sacerdocio de Nuestro Señor Jesucristo tiene tres funciones: el oficio de Santificar, de Enseñar y de Regir. Esa triple función se identifica, cada una, con un nombre distinto. El Señor es el Maestro, es el Sacerdote y es el Pastor.  Son las tres funciones que a Cristo le corresponden esencialmente.


Para hacernos conocer estas tres funciones de Nuestro Señor dice la Sagrada Escritura: No tenéis más que un maestro que es el Mesías. O san Pablo en la primera carta a Timoteo dice, Cristo es el mediador entre Dios y los hombres. Finalmente tenemos también a Cristo como el Buen Pastor.


Pero estas tres funciones no son exclusivas de Cristo, Él quiere participarlas en otro, quiere compartirlas porque es Dios y tiene esa facultad de que otros enseñen en su nombre. Hay varios pasajes en los que se confirma esa transmisión de facultades, por ejemplo, el día de la resurrección, cuando se aparece a los apóstoles, sopla sobre ellos y les dice: “recibid el Espíritu Santo, los pecados serán perdonados a los que vosotros se los perdonéis; se van a retener a los que vosotros se los retengáis.” Y también dice: “como el Padre me envía a mí, yo os envío a vosotros.”


Un comentario de San Juan Crisóstomo al respecto dice que no era necesario agregar nada más porque si uno ve cómo ha sido enviado Cristo, así también, con la misma autoridad, son enviados los apóstoles.


Así que los apóstoles, por voluntad de Dios, tienen también este triple oficio de ser maestros, sacerdotes y pastores, pero Cristo es el único Sacerdote, como explica la carta a los Hebreos porque todos los sacerdotes de la antigua ley eran figura de Cristo y los sacerdotes de la nueva ley actúan en la persona de Cristo. Así lo explica Santo Tomás, comentando esta carta a los Hebreos. Por lo tanto, Nuestro Señor comparte esa función, pero Él es por antonomasia el Maestro, el Sacerdote y el Pastor.

 

La Puerta de las ovejas


Sin embargo, hay otro oficio que el Señor no comparte con nadie, se lo ha reservado para Él. El Señor dice: “Yo soy la Puerta de las ovejas” y esto, solamente Cristo y nadie más que Cristo, ¿por qué?, ¿qué quiere decir esta expresión?


San Gregorio Magno, cuando comenta este pasaje, dice que “podrán entrar y salir”. Es decir que nosotros entramos a la Iglesia, salimos del mundo profano y entramos a la Iglesia peregrina, la iglesia militante, la Iglesia de la tierra, pero entramos por Cristo porque Cristo es la Puerta, no es posible ingresar por otro lado, solamente porque hicimos un acto de fe en Nuestro Señor Jesucristo.


Y, como agrega San Gregorio, también podemos salir a través de la única Puerta que es Cristo. porque salimos de la Iglesia de este mundo, de la Iglesia militante, a la Iglesia de la gloria, a la Iglesia de los bienaventurados, la iglesia del Cielo.


Esta función, insisto, Cristo no la comparte con nadie. Porque nosotros creemos en Nuestro Señor Jescuristo, no creemos ni en el Papa, ni en el Cardenal, ni en el Obispo, ni en la Conferencia Episcopal, ni en el cura del templo, creemos solamente en Nuestro Señor. Es importante que siempre lo recordemos.

 

Su apariencia es la de un cordero, pero su voz es la de un dragón


Sin embargo, junto con Cristo, que es el único Pastor; y todos los que ha llamado a tener su misma triple función; hay otros que son los mercenarios, los que tienen apariencia de pastor, pero no lo son. Exteriormente pueden parecer pastores, por eso algunos incautos pueden seguirlos y dejarse engañar por ellos.


Se trata de falsos profetas o malos sacerdotes que, en lugar de congregar a la Iglesia en Cristo, la dispersan, la disgregan, la separan; siendo que todos tenemos que estar bajo un solo Pastor, es decir, ser un solo rebaño. No se trata de otra cosa sino de la unidad que quiere Nuestro Señor, por la cual Él entregó su vida, para que todos sean uno. (Jn, 17, 21)


Esta unidad a la que se refiere es la unidad de la fe y es la unidad de la caridad. Cristo quiere que nosotros estemos unidos en Dios, estemos unidos en la única fe católica que es la que el Señor nos ha revelado y es la que no podemos cambiar jamás. Y quiere que todos además no solo creamos eso con un acto de fe, sino que además todos estemos reconciliados con Dios, viviendo en gracia de Dios, estando bien confesados, esa es la unidad de la caridad, amando a Dios sobre todas las cosas y amando al prójimo, no porque nos cae bien sino por amor a Dios. Eso es lo que quiere Cristo.


Algunos han roto esa unidad de la Iglesia, se han presentado en su propio nombre y aunque ”las ovejas que no eran de Él”, -en palabras de Cristo- los han seguido, aunque no todas, las buenas ovejas no siguen al falso pastor porque el Pastor va delante de ellas, ellas lo siguen, conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de Él.


Pero lamentablemente hay herejes, está dicho en la sagrada escritura: Oportet esse haereses (es necesario que haya herejes). Hay herejes que dividen el rebaño y que lo atacan. Esos son justamente los que van contra la unidad de la fe y de la caridad. Santo Tomás dice que esos lobos no solo son los herejes sino también son los poderosos que quieren someter a la Iglesia al poder temporal.


Todos ellos son el anticipo del último gran enemigo de Dios, que es el falso profeta, que en el capítulo 13 del libro del Apocalipsis está así descrito: su apariencia era del cordero pero su voz era del dragón. Ese será el falso profeta que pondrá su poder religioso al servicio, no de Dios, sino del anticristo, que será el enemigo final del Redentor. Así, mientras Cristo rechazó la tentación del demonio que quería darle todo si se postraba ante él y lo adoraba, dice el Padre Castellani que el que sí aceptará, será el anticristo.


Todos los herejes son un anticipo del anticristo, por eso dividen la Iglesia, no quieren que se profese la fe católica. Menciono por ejemplo el caso de Marción, uno de los primeros herejes de la Iglesia.


Hay una anécdota de que Policarpo, que fue ordenado Obispo por San Juan, se encontró con Marción, un doceta hereje que negaba la humanidad de Cristo. Entonces le dice Marción a San Policarpo:


-¿Me reconoces? Y San Policarpo le dice:


-¿Cómo no conocer al primogénito de Satanás?


Marción era un hereje y así como él, tantos otros que a lo largo de los siglos han roto la unidad de la Iglesia. ¿Por qué hay tantos cristianos que no son católicos? Justo por eso, el problema es que algunos se han predicado a sí mismos, que han roto la tradición apostólica, que no han enseñado lo que la Iglesia siempre ha creído.


Seguramente puede haber algún cristiano no católico de buena fe, eso lo sabrá Dios y que Él juzgue las intenciones de los corazones, pero hay bastante seguridad para afirmar tajantemente que los heresiarcas no tenían buena fe.


Lutero, por ejemplo, le dio origen a las “iglesias” cristianas no católicas. Lo cierto es que una vez estaba con la exmonja que dejó la vida religiosa para vivir con él, ella le dijo: “Mira Martín, ¡qué lindo que está el Cielo!”, ella estaba mirando las estrellas y le maravilló esa noche tan llena de estrellas, las cuales estaban muy brillantes. Y Lutero dio la peor respuesta de todas, dijo: “Sí, pero el Cielo no es para nosotros”.


Que triste, lo peor que uno puede hacer es pecar contra las virtudes teologales. Este hombre cometió un pecado de desesperación, “no es para nosotros”, dijo; eso es terrible.


Estos son los demonios: los poderosos o los herejes y son todos aquellos que dividen la Iglesia y que no quieren un solo rebaño y un solo pastor. Por eso es muy importante siempre pedir que tengamos buenos pastores que hagan las veces de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Necesitamos pastores dispuestos a morir por su rebaño


Cristo no solo es el Pastor, además es la Víctima y es el Altar. Como dicen san Fulgencio de Ruspe, porque en Él convergen: El que ofrece, lo que ofrece y dónde se ofrece. Por esa razón, aquellos que hagan las veces del pastor -los sacerdotes y los obispos- deberían de estar dispuestos a morir por su rebaño, a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo.


Pidamos por ellos, que sean capaces de entregar su vida por la unidad de la iglesia, por la unidad de la fe, por la unidad de la caridad; y que enfrenten a los lobos del rebaño, a aquellos que quieren someter la Iglesia a los poderes de este siglo.


Podemos encomendar esta gracia a la Santísima Virgen María, que interceda para que siempre tengamos pastores según el corazón de Dios, que es de hecho una promesa que hizo el mismo Dios a través del profeta Jeremías; misma que el Papa Juan Pablo II recordó en su encíclica Pastores Dabo Vobis. Pastores que nos enseñen con sabiduría, fortaleza y caridad; así como todas las verdades que llevan al Cielo.


Además de la necesidad de tener buenos pastores; es importante ser buenas ovejas y seguir siempre a Nuestro Señor Jesucristo, reconocer su voz y la de aquel que quiere engañarnos, que nos quiere vender una falsa promesa que no nos va a llevar ni al Cielo ni a la eternidad.


Que nos ayude también a que no sigamos a ningún extraño, por más que esté de moda; la moda pasará, pero la verdad es la que permanece. El mundo gira mientras la Cruz está firme. Que nosotros, como ovejas del Señor, como bautizados, siempre sigamos a los buenos pastores con docilidad para que un día nos reunamos con el gran Pastor de las ovejas.


 
 
 

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