Padre, ¿Robar Para Comer es Pecado?
- P. Christian Viña

- hace 9 horas
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Encuentro de un Sacerdote Argentino con un alma necesitada.

Por P. Christian Viña
Dios me ha regalado un Domingo de Ramos maravilloso; bañado por el intenso aguacero que se abatió sobre La Plata, que me dio pie -una vez más- para predicar sobre los inconvenientes ofrecidos. "¿Padre, qué pasa si llueve? ¡Nos mojamos! ¡Jesús no se bajó de la Cruz por mal tiempo!"
Iba a rezar mi segunda Misa del día y, con la Coronilla de la Divina Misericordia mientras caminaba, le pedí a Jesús por todos los penitentes que nos mandará a los sacerdotes, en esta Semana Santa.
- Padre, ¿robar para comer es pecado?, me disparó un muchacho que vive en la calle.
- Buenas tardes hijo. ¡Que el Señor te colme de su Paz! Si tienes hambre debes pedir comida, con buenos modos. No faltará un alma caritativa que te dé de comer...
- Pero robar en supermercados como éste -señaló uno, ubicado a pocos metros-, multinacional, y lleno de plata, ¿también está mal?
- ¡Hijo! Como dice el "Martín Fierro", la "Biblia gaucha", debemos recordar que "no es vergüenza ser pobre, y es vergüenza ser ladrón". Y agrega: "Debe trabajar el hombre para ganarse su pan, pues la pobreza en su afán de perseguir de mil modos, llama en la puerta de todos, y entra en la del haragán".
- Padre, usted parece un buen hombre, un elegido de Dios...
- ¡Hijo! Soy un pecador en conversión, un enfermo en sanación. Que, por pura misericordia de Dios, regresó a la Iglesia, después de muchos años. Y a quien el Señor, sin mérito de mi parte, eligió para ser Sacerdote. Por eso, hoy te pido, en nombre de Dios, que vuelvas a Casa, te confieses, y tengas así una santa, y feliz Pascua...
- Gracias, padre. Me acuerdo que, de chiquito, en la catequesis, me enseñaron que la Biblia dice, "el que no quiera trabajar, que no coma" (cf. 2 Tes 3, 10)...
- Así es. Pero si aplicásemos esa orden, estrictamente, en Argentina, con la pereza que abunda en todas las capas sociales, seríamos un país de hambrientos...
Sonoras carcajadas, y un nuevo "gracias" del muchacho. "Padre -concluyó- vamos a organizar una rifa de un televisor para ayudar a la gente de la calle".
Sin que me los pidiera, le di unos pesos. "Ahora -le sugerí- andá a tomarte un buen café con leche, con medialunas. Y brinda con ellos por mi salud y la de todos los curas, para que podamos curar, con la gracia de Dios, a todos los hijos que Él nos mande.
- ¿Padre, puedo darle un abrazo?
- Sí, hijo, por supuesto...
Abrazo, Bendición de despedida, y regalo de Rosario. "Éste -le revelé- lo traje del Vaticano, en donde está el Papa. Y es fosforescente, de los que se iluminan en la oscuridad... ¡Que Jesús, Luz del Mundo, te llene de su Amor!
Un nuevo chaparrón en la tarde platense nos empapó a los dos. Y mientras corrimos a guarecernos, nos despedimos con un grito de "¡Viva Cristo Rey!" El anticipado Banquete Celestial de la Misa calmaría, en pocos minutos, nuestro apetito de Eternidad. Allí donde el Señor "secará todas las lágrimas" (Ap 21, 4). Muchísimo más graves, claro está, que unas pasajeras gotas; siempre usadas para justificar perezas y comodidades...





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