La Virgen Siempre nos Llena de Consuelo
- P. Christian Viña

- hace 30 minutos
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“¡Padre, llévele unas flores a la Virgen, su Señora!" Anécdotas de un Sacerdote argentino.

Por P. Christian Viña
“La necesidad tiene cara de hereje”, afirma el refranero popular. Por eso, siempre sorprenden, por ejemplo, las ocurrencias –a veces rayanas con el embuste- de los vendedores ambulantes. Como la de aquel anciano diariero, de hace unos años, que llegó a vocear: “¡El dólar llegó a mil pesos!”, cuando, en realidad, se cotizaba a 650… O las no menos insólitas expresiones de quienes frecuentan trenes y colectivos; que, con su viveza, son capaces de vender hasta anchoas saladas, en pleno desierto, sin agua…
Acaba de ocurrirme. En una plaza, cercana a la parroquia, un joven ofrecía a los transeúntes plantas y flores. Un servidor iba, como de costumbre, a paso firme. Un muchacho y su novia buscaban ser convencidos de aprovechar una oferta de claveles. La sotana, inevitablemente, atrajo todas las miradas.
- ¡Padre! Llévele unas flores a su Señora…
- Es que no tengo…
- ¡Cómo que no! ¿Y la Virgen?
Su rapidez me impactó. Y actué en consecuencia.
- ¡Está bien! Te compro un ramo. Pero con la condición de que se lo llevemos juntos. Ves, ahí, a unos metros, hay una imagen de la Virgen de Fátima. Se lo damos; y, además, le regalamos un Ave María.
Y allí fuimos. Nos repartimos, por partes iguales, las flores. Y a cumplir con nuestra Santísima Madre.
- ¡Uy, padre! ¡Se me erizó la piel, de la emoción!
- ¡Es así, hijo! La Virgen siempre nos llena de consuelo. Recurre, en todo momento, a Ella; especialmente, en las horas difíciles…
Oración, bendición y despedida. El cielo platense me mostraba toda su cercanía. La marcha del cura itinerante, que tiene su “parroquia móvil” en las calles, seguía su curso.
- ¡Señor! (“padre”, obviamente, que no). ¿Dónde dice en la Biblia que hay que tener Vaticano?, me dispararon, desafiantes, dos muchachos pertenecientes a una secta multimillonaria, con varias propiedades y comercios.
- ¿Y dónde dice en la Biblia que hay que tener fábricas de golosinas y lujosas “casas de descanso”?, les retruqué.
Y, como era de esperar, llegó la infaltable embestida contra la Virgen. ¡Son de manual!
- ¡Ustedes los católicos idolatran a María!
- No es así; intentamos amarla, con toda el alma, como la ama Jesús. Y como Él mismo quiere que la amemos. ¿O, acaso, ustedes piensan que al Señor le agradan sus sistemáticos desprecios hacia Ella?
Siguió, claro está, una catarata de nuevos ataques. Y, por último, les dije: “¿Ven aquel muchacho que está allá, el vendedor? Acabamos de llevarle juntos, un ramo de flores a la Virgen. ¡Díganle a él que está mal lo que hicimos!
Palabras por lo bajo –que, por cierto, no fueron elogios para este cura-, y abrupto final de la conversación. “Seguramente ustedes nacieron en la Iglesia Católica ¡Vuelvan a Casa, los esperamos!”, fueron las palabras de mi adiós. Mudas espaldas, la respuesta…
Ya de nuevo, en el templo, me zambullí en un momento de oración; previo a la Adoración al Santísimo que tenemos todos los jueves. Una ancianita, que apenas movía sus piernas, apoyada en un bastón, y su bisnietita se abrieron paso hacia la Virgen, para dejarle su ofrenda floral. Y fue, como siempre ocurre, una hermosa lección de pura teología. Sí, Jesús, también repito contigo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños” (Mt 11, 25).





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