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El Mesías nos hará volver a la armonía del Paraíso

En Cristo habita la plenitud del Espíritu Santo, por eso nos concederá vivir en perfecta armonía con la creación; en algunos casos en esta vida, como ya ha ocurrido con algunos santos.



Por P. Jorge Hidalgo


Cristo tiene los siete dones del Espíritu Santo y por esa plenitud de dones, es que volverá la armonía del paraíso: el lobo habitará con el cordero, el leopardo se recostará junto al cabrito, dice el profeta Isaías. Nosotros consideramos que eso es imposible, que el lobo se va a comer al cordero y el leopardo al cabrito. Pero lo que quiere decir ese texto es que volverá la armonía del Paraíso, la armonía que Dios estableció desde el principio y que se perdió porque el hombre se reveló contra Dios, ocasionando que la criatura se revelara contra el hombre. El Mesías hará que volvamos a eso.


A esto se refiere el texto breve de San Marcos cuando habla de las tentaciones de Cristo en el desierto. Dice que vivía junto a las fieras y los Ángeles lo servían. Esto se refiere justamente a la vuelta al Paraíso por causa de Cristo porque en Él habita la plenitud del Espíritu Santo.


Más aún, San Juan Damasceno dice que lo más importante del misterio de la Santísima Trinidad es el misterio de la perijóresis, en griego, o circumincesión, en latín; por la cual el Padre y el Espíritu Santo están completamente en el Hijo, el Hijo en el Padre y el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo en el Padre y el Hijo. Lo que quiere decir que Jesucristo tiene el Espíritu sin medida porque es Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, como lo rezamos en el Credo.


Él nos devolverá a la armonía previa al pecado original porque es el prometido y va a bautizar con una nueva fuerza, la fuerza del Espíritu Santo y del fuego, por esa razón va a hacer nuevas todas las cosas; Él va a recapitular en sí mismo todas las cosas, va a ser la cabeza del hombre nuevo, del que se salva.


Esta obra ya la ha hecho Dios en sus santos, en los que vivieron plenamente su bautismo y cumplieron plenamente esa santificación que Dios quiere en sus almas, por la que Dios fue capaz de hacer la maravilla que hizo en su Hijo de modo semejante, no igual, por supuesto, porque Dios le da solamente a su Hijo el Espíritu sin medida; pero Dios sí les da el Espíritu Santo a los santos.


Por eso que cuando conocemos el testimonio de los santos nos admiramos por las virtudes heroicas que vivieron; las grandes cosas que ellos obraron y las terribles penitencias, dolores y persecuciones que sufrieron. Algunos, por ejemplo, resistieron el odio, la persecución, el desprecio, fueron excomulgados, encarcelados, exiliados, crucificados, hervidos vivos, decapitados, asados, destripados, arrojados a los leones, y en medio de todo, perdonaron a sus verdugos, a sus enemigos, y alentaron a muchos otros a resistir lo mismo por la causa de Cristo. ¿Cómo puede ser que una persona soporte y haga semejantes cosas?


Esto es posible justamente porque Cristo es la cabeza del hombre recreado en Él, Cristo es la cabeza del hombre espiritual y Él hace en sí mismo nuevas todas las cosas. Incluso la armonía adámica se ve en algunos santos, aunque desgraciadamente hay malos autores que no la transmiten así, que son racionalistas y no la transmiten como fue porque no creen que haya podido ser.


Es el caso de Santa Rosa de Lima y el pacto que hizo con los mosquitos, ella no los agredía en su huerto y ermita, a cambio ellos prometieron no picarla ni zumbarle durante sus oraciones para que pudiera concentrarse; al anochecer Santa Rosa los convocaba diciéndoles: -Bueno será, amiguitos, alabar conmigo al Señor que los ha sustentado hoy.


Los hechos son tan inconcebibles para los racionalistas, que la ocultan o difunden como un cuento para niños. Otro ejemplo es el de San Francisco de Asís, que por su relación con la creación es presentado como si hubiera sido un ecologista, siendo que San Francisco había crecido tanto en su vida interior, que convivía con la creación como en el Paraíso antes del pecado original. Algunos autores no entienden nada de esto e intentan desmitologizar -como dijo Rudolf Bultmann- la vida de los santos; aunque él fue peor aún porque proponía desmitologizar las Sagradas Escrituras.


Santos de Altar


El bautismo que nos ofrece Nuestro Señor Jesucristo es en el Espíritu Santo y en el fuego, no con simple agua, por eso es posible que nuestras almas ardan por amor a Dios y por amor al prójimo a ejemplo de Cristo.


Y por ese fuego, por ese Espíritu Santo, Dios puede hacernos volver a esa santidad A ese alto nivel de vida interior como ya ha existido en los santos, hasta incluso que Dios nos dé ese Espíritu Santo al modo como se lo da a Cristo y que nosotros también podamos volver a esa santidad del Paraíso.


Dios nos da las gracias para lograrlo, lo que tenemos que hacer es pedirle que sepamos aprovecharlas, porque daremos cuenta de cada una de ellas cuando seamos llamados a su presencia. Por eso en vida, no nos conformemos con ser mediocres, tenemos que ser santos de Altar, santos como los que leemos en las buenas vidas de santos, de aquellos que han imitado a Cristo hasta el extremo, hasta la heroicidad de las virtudes, que es lo que obra el Espíritu Santo en aquellos que se dejan mover solamente por el Espíritu de Dios.


Nuestra Señora, que es Esposa del Espíritu Santo, título que sintetiza todas las perfecciones de la Virgen -como explican algunos mariólogos, como el Padre Manelli, que esperemos que algún día sea declarado santo- nos conceda la gracia de la fidelidad para servir en todo a Cristo en esta vida, para obtener el premio eterno y gozarlo para siempre en el Cielo.


 
 
 

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